LA ABEJA A TRAVÉS DE LA HISTORIA

Publicado 15/11/2011 por SERAH

El hombre prehistórico comenzó a pintar sus experiencias con las abejas cosechando miel hacia el año 10.000 a. c.

Hijas aladas de los primeros soles, anunciadoras benditas de los primeros días serenos, maestros en la construcción de celdas geométricas, vigilantes de las influencias magnéticas, de las radiaciones telúricas, en definitiva insecto bendito al que san Paulino de Nola llamaba «la misteriosísima abeja».

Como símbolo del alma de los hombres, es plasmada en las tumbas como imagen de supervivencia del alma después de la muerte. Pero al mismo tiempo sirven como emblemática de las dinastías faraónicas del Alto y el Bajo Egipto, representadas por una abeja y una brizna de junco.

Uno de los himnos funerarios dirigido al faraón Usertosen II dice así: «Casó al junco con la abeja», afirmación que se interpreta como que reinó en los dos Egiptos. También se han hallado abejas funerarias en la tumba de la faraona de Egipto, Ahotpu I.

El Dios Ra lloró y sus lágrimas cayeron en la tierra y se volvieron abejas. Las abejas comenzaron a construir y fueron activas con todas las flores del reino vegetal. De esta manera llegó a existir la cera, así la miel fue creada de las lágrimas del Dios Ra”.

En el sello de un anillo de oro (1450 a.c.) en una tumba ubicada en Isopata, cerca de Knossos se observa la relación entre la Diosa y sus sacerdotisas con la abeja reina y sus peones, una y otros realizando un baile. En el sello aparece la Diosa abeja en el centro, descendiendo a la tierra entre las serpientes y los lirios y siendo adorada por sus sacerdotisas. La miel se utilizaba para embalsamar a los muertos.

Una joya de ónix encontrada en Knossos muestra a la abeja teniendo en la cabeza cuernos de toro y la doble hacha dentro de la curva de los cuernos.

El símbolo de la abeja también era patrimonio metafísico de los druidas.

En el Rig Veda las abejas ofrecen su miel a los Ashwins, y Krishna lleva una abeja azul en la frente.

Se atribuían a la abeja dones divinos, y misteriosos; en los cenáculos de Samotracia.

En Grecia la ciudad de Efeso estaba ligada a las abejas, se decía que musas en forma de abejas eran las que habían encabezado a los atenienses que colonizaron la zona. Asimismo, las sacerdotisas que celebraban los antiguos misterios de la diosa Artemisa eran llamadas Melissai, “Las abejas”, y la misma diosa era representada con figuras de nuestro insecto en su cinturón y en su falda.

Este culto a la abeja se extendió de Creta a las islas del Egeo y a la Grecia continental. En la mitología de Creta, el dios supremo nacido de la Tierra Madre (Deméter Ceres) fue alimentado en una gruta por una princesa cretense con la leche de Amaltea y la miel de la reina abeja Melisa.

Según cuenta Estrabón, en Eleusis y en Éfeso las sacerdotisas que celebraban antaño los antiguos misterios se llamaban Melissai, «las Abejas», y algunos iniciados que habían alcanzado un grado de pureza indiscutible recibían también este nombre.

El simbolismo cristiano adopta la figura de la abeja como símbolo crístico y emblema de las virtudes cristianas y la hermética antigua hace de la abeja el símbolo de Cristo como luz del mundo, como dice Cahier, en su Bestiario armenio: «Como Cristo, la abeja difunde la luz en el mundo».

Es san Bernardo quien trata de restituir el sentido metafísico de este símbolo, pero no sin hacerlo dentro de un contexto hermético-cristiano, siendo para el no-iniciado difícil de entender; en su obra Vid Mística, del siglo XII.

Para comprender el significado hermético de la definición que hace san Bernardo de la imagen de la abeja, es necesario remitirse a la tradición hindú para encontrar una interpretación precisa sobre el carácter metafísico de unos procesos que la conciencia manifiesta en los diferentes niveles del Ser. En el orden espiritual, la conciencia se manifiesta a través de cinco cuerpos o vehículos (Kosas), y el estado de percepción de la conciencia es enteramente distinto según se expanda en uno u otro nivel a través del estado de contemplación activa, pero no en un estado místico de pasividad y abandono interior, pues como dice san Bernardo es de «las almas que saben y pueden elevarse». Esta elevación se produce a través de siete esferas llamadas en la tradición hindú Lokas; estas conforman los niveles de manifestación desde Dios como Substancia Eterna hasta su manifestación como creación física.

Durante el siglo XVII, los Hermanos de la Rosa Cruz retoman de nuevo el símbolo de la abeja, formando parte del simbolismo de la Rosa y la Cruz. Podemos ver en un sentido hermético cómo parece haber una aproximación entre la doctrina de san Bernardo, la ebriedad interior del sufismo y el simbolismo que propugna la Rosa+Cruz del siglo XVII, lo cual nos induce a pensar en una transmisión espiritual que es mantenida de forma secreta a través de los siglos, como una cadena iniciática ininterrumpida.

En España (en el País Vasco y en Galicia), las abejas eran miembros de la familia, y se les contaba todas las vicisitudes familiares porque si no abandonaban la colmena. Esta costumbre debe inscribirse en el profundo respeto a los muertos de los habitantes del norte de la península.

Fue el descubrimiento de unas abejas de oro en la tumba del rey merovingio Childerico en las Galias (muerto en 481d, c ) lo que evidenció la importancia que tenían las abejas para la realeza francesa de aquella época.

Napoleón hizo bordar abejas en su manto de coronación como emperador, reconociendo su antiguo significado.

También encontramos a la abeja entre los dioses del nuevo mundo, si bien como un dios masculino compañero de la diosa luna en la cultura maya.

Apis mellifera, la abeja productora de miel más común en occidente, es originaria de la Europa templada y otras bases en torno al Mediterráneo de África y Asia. Curiosamente estas áreas coinciden con los lugares de nacimiento de las civilizaciones occidentales, las culturas egipcia, griega, romana, judía, cristiana e islámica, nacieron todas aquí.

Las abejas siempre han acompañado los sueños de trascendencia de los seres humanos y es justo ahora que la sociedad por fin reconoce que la balanza ha estado demasiado decantada hacia lo patriarcal cuando uno de los símbolos de la Gran Mater puede desaparecer…

¿Casualidad, o señal para que acabemos de despertar?

Fuentes: José Antonio Mateos /laabejaegipcia.com/ Weebislam.com

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